Archivo para abril 2010

Una historia corta de personas, ciencia y Dios   1 comment

No soy filósofo, científico o sacerdote pero siempre he tenido inclinación hacia la física (teórica y filosófica, no analítica) y hacia la religión.  Estos días he visto a muchas personas las cuáles siguen una corriente de ambos extremos, algunos creen en la ciencia, en que todo tiene una explicación y todo está sujeto a la razón; también he visto personas que han dedicado su vida a Dios casi por completo y por último lo más común, gente que ha nacido con una religión por tradición familiar o cultural y a lo largo de su vida no la toman en cuenta y que la ciencia no forma parte de su concepto de vida, simplemente la viven como quieren o como pueden.

Creo que estar en un extremo es malo, por lo tanto hay que tener el criterio suficiente para aprender de los demás y usar todo eso para afirmar la creencia propia y crear una identidad o aceptar una equivocación y cambiar de parecer.

He sido agnóstico gran parte de mi vida, excusando buscar respuestas a preguntas que quería saber con la idea de que no exíste una respuesta accesible para un ser como yo (humano limitado) pero no hace mucho descubrí que si las hay si uno abre el corazón y busca en el lugar adecuado, las respuestas pueden ser distintas para cada quien por distintas razones, pero estan ahí, siempre han estado al alcance.

Esta pequeña conversación que encontré ilustra perfectamente tanto la búsqueda como las respuestas, la verdad que esta ahí pero que es necesario reconocerla para que funcione en uno mismo. Se trata de estudiantes universitarios en una clase común con una pregunta talves no tan común, pero con respuestas más que suficientes para un espíritu dividido entre dos mitades como lo fue el mío. Su orígen es discutible, pero el hecho no lo es, y su mensaje es lo que importa. Aquí está:

El profesor de universidad retó a sus pupilos con ésta pregunta: ¿Creó Dios todo lo que exíste?

Uno de los estudiantes respondió energicamente, sí, lo hizo.

¿Dios creo todo? pregunto el profesor nuevamente.

“Sí, señor” respondió el estudiante.

El profesor respondió: “Si Dios creó todo, entonces Dios creo la maldad dado que la maldad exíste, y de acuerdo al principio de que lo que uno crea es lo que define a uno, entonces concluimos que Dios es malvado.”

El estudiante se quedo callado debido a la respuesta del profesor.

El profesor quedó muy complacido consigo mismo y presumió a sus estudiantes que había probado una vez más que la fé Cristiana era un mito.

Otro estudiante levantó la mano y dijo: “¿Puedo hacerle una pregunta profesor?”. Claro que sí, replicó el profesor.

El estudiante se puso de pié y preguntó, “¿Profesor, exíste el frío?”.

“¿Qué clase de pregunta es esa?” Claro que exíste ¿acaso ustén no ha tenido frío alguna vez? Los estudiantes riéron ante la pregunta del jóven.

El jóven replicó: “De hecho señor, el frío no exíste. De acuerdo a las leyes físicas, lo que consideramos frío es en realidad la ausencia de calor. Todos y cada uno de los objectos son susceptibles a estudio cuando transmite energía. El cero absoluto (-460ºF) es la ausencia total de calor, toda materia se vuelve inerte e incapáz de reaccionar a esa temperatura. El frío no exíste. El hombre ha creado esa palabra para describir la sensación de poco calor.”

Continuó el estudiante: “¿Profesor, exíste la oscuridad?”

El profesor respondió: “Claro que sí”.

El estudiante replicó: “Nuevamente está en un error señor, la oscuridad tampoco exíste. La oscuridad es la ausencia de luz. Podemos estudiar la luz, pero no la oscuridad. De hecho podemos usar el prisma de Newton para separar la luz blanca en muchos colores y estudiar la longitud de onda de cada color. No se puede medir la oscuridad. Un simple rayo de luz puede irrumpir en un mundo de oscuridad e iluminarlo. ¿Cómo puede saber la cantidad de oscuridad que tiene determinado espacio? Se puede medir la cantidad de luz que exíste. ¿No es eso correcto?

La oscuridad es un término usado por el hombre para describir que pasa cuando no hay presencia de luz.”

Finalmente el jóven le preguntó a su profesor, “¿Señor, la maldad exíste?”

Desconcertado el profesor respondió: “Sí, como ya lo había dicho. Lo vemos todos los días. Es a diario que se ve lo inhumando del hombre con el mismo hombre. Es la multitud de crimen y violencia por todos lados en el mundo, estas manifestaciones no son otra cosa que maldad.”

A ésto, el estudiante replicó: “La maldad no exíste señor, o por lo menos, no por si misma. La maldad es simplemente la ausencia de Dios, es como el frío y la oscuridad, una palabra que el hombre ha creado para definir la ausencia de Dios. Dios no creó la maldad. La maldad no es como la fé, o el amor, los cuales exísten como el calor y la luz. La maldad es el resultado de lo que pasa cuando un hombre no tiene presente el amor de Dios en su corazón. Es como el frío que viene cuando no hay calor, o la oscuridad que viene cuando no hay luz.”

El profesor se sentó.

El nombre del jóven era – Albert Einstein.

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Publicado abril 5, 2010 por Sergio D. Rodríguez Inclan en General